martes, 17 de febrero de 2015

La verdadera pregunta

Cada vez tengo más claro que la solución no pasa por el gobierno de ningún partido, sería demasiado fácil. Los cambios reales siempre requieren de una transformación interior, que luego se proyecta a todo.
España es un país viejo. Cada uno de nosotros tiene detrás a muchos que ya vivieron aquí. Soportamos sobre nuestros hombros los odios, prejuicios e ideas de nuestros padres y abuelos, y este es un lastre que debemos de abandonar.
Como si de un paciente se tratase, España ha de ser auscultada, como un enfermo que padece insoportables dolencias, algunas de ellas crónicas.
Sentimiento de inferioridad; Un viejo conocido. Todo lo de fuera es mejor, todo lo de aquí es peor. Suena demasiado simple, pero es que es así.
Tremendismo; Exaltar algo desmesuradamente cuando los vientos son favorables, y lapidarlo cuando están en contra. Esto nos impide juzgar personas y situaciones de forma adecuada, abandonando manos ganadoras antes de tiempo y jugándonos la casa con manos perdedoras, dejándonos llevar por nuestro lado emocional.
Banderismo; Cada vez más incipiente. En él anidan los clásicos síntomas de siempre, anulación del individuo, mi bandera es mejor que la tuya, etc. Apoyar partidos políticos como si de equipos de fútbol se tratase, es cambiar la democracia por una dictadura voluntaria. Los partidos políticos son instrumentos que tenemos para elegir la mejor opción para nosotros y nuestras familias.
Es penoso ver como hinchas de uno y otro partido político celebran los escándalos de corrupción, sin percatarse de que nos guste o no, vamos todos en el mismo barco. ¿Queremos que el barco sea un buen lugar para vivir? ¿o qué se imponga nuestra idea de barco? esa es la pregunta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario